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De plantines y tomas

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PUBLISHED: noviembre 5, 2020

Viví diez días siendo testigo de un cuento de Fontanarrosa, de una historia  que reunía muchos condimentos que podemos ver en una novela mejicana clase B.

Una familia rica, una estancia de miles de hectáreas, una hija rebelde y por si algo faltaba, un dirigente político-social afín a un gobierno  que  alentaba las tomas…

Hay más. Un día Dolores alejada de su mamá y sus hermanos, peleada  con todos, volvió al campo y se instaló.  Con  ella llegaron jóvenes militantes de la agroecología.  Se movían como un ejército.

La escena surrealista se completaba así:

Los dueños, la mamá y los tres  hermanos de Dolores que no podían entrar, vivían en la tranquera de Casa Nueva. Dormían en su camioneta, controlaban quien entraba y salía de su campo.

En la teoría los que estaban adentro anunciaban el Proyecto Artigas, querían cultivar la tierra y producir alimentos libres de tóxicos.  En la práctica lo que veía cada vez que nos permitían pasar, era una pequeña huerta en el jardín del casco de un campo inmenso.

La nueva familia de Dolores -así lo definió ella- crecía a medida que pasaban los días. Jóvenes educados  con un perfil de militante de izquierda que se movían con un régimen casi militar. Se dividían tareas, dormían en carpas, hacían vigilancia, comían todos juntos. Y por lo que me decían tenían cero noción de trabajar la tierra aunque los dirigía un ingeniero agrónomo, Lautaro.

 

La alianza no me cerraba. Ella de las familias más poderosas de Entre Ríos  cedía tierras en un campo que ya no le pertenecía. Y vivía con los ocupas que respondían nada más y nada menos que a Juan Grabois. Insólita unión que transformó un viejo conflicto familiar en un escándalo político.

Los que vivían en el campo pedían comida y en la tranquera los chacareros que montaban guardia alarmados por la toma, comían de lo mejor: asados, chancho jabalí, corderos, cerdos, ciervo. El mundo al revés…

 

Los ocupas no sabían agarrar una pala para trabajar  la tierra pero tenían un equipo de filmación. Registraban todo lo que pasaba adentro y afuera. Además había algo que me  generaba sospechas: estaban preocupadísimos por que no prendiéramos la cámara hasta estar con Dolores. No querían que se viera que el proyecto Artigas en  los hechos era una  quinta hecha debajo de eucaliptos. Nada podía crecer ahí…

Tuve claro desde un principio que esta historia no era solo una pelea por una herencia. Había algo más.  La política había metido la cola.  Y con todo.  Una mañana un auto salió llevando a una funcionaria del Ministerio de Justicia, que había dormido con los ocupas!!! Entonces, cualquiera podía decir que el gobierno respaldaba la toma.  Algo de eso pasaba…

 

A medida que avanzaban los días y crecía esta novela bien real, intentaba determinar quién se acercó a quién. ¿Cómo surgió esta alianza tan ecléctica? No me daban demasiadas  pistas pero Dolores habría dado el primer paso.

 

La justicia sumó al sainete y hubo un primer fallo en el que un juez de familia (subrogante) pedía perdón por lo que había resuelto. Hasta que al día 15  llegó el  final de un cuento que tenía mucho de ficción que pasaba ante los ojos del país. El campo de los Etcheverry fue desalojado por la policía.

La huerta ecológica quedó a la vista de todos. Y ahí vimos que solo eran plantines de perejil comprados en un vivero cualquiera.  El proyecto artigas  resultó un fiasco, una cargada.  Tal vez haya sido una manera de disfrazar el verdadero objetivo ,el de quedarse con tierras que no les pertenecían.

 

 

 

 

 

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