EL DOLOR

 

La vi llegar doblada de dolor caminando lento, rodeada de brazos preparados para sostenerla. La anciana iba a vivir el peor momento de su larga vida. Los que estaban ahí contuvieron el aliento preparándose para ese instante horrible.

La mujer sacaba fuerzas de no sé dónde y avanzaba. Había mucho dolor  en su cara desbordada de arrugas profundas, marcas del paso del tiempo. Tenía 98 años.

Ella ya conocía la noticia desde la noche de ayer pero tenía que enfrentarla.

Cuando le faltaban unos diez pasos frenó. Se detuvo como negándose a ese último tramo de sufrimiento.  Levantó la vista y sus ojos deformados de tanto llorar,  miraron el cajón cerrado. Era de madera,  marrón clara, lucía lujoso. Encima habían dejado dos ramos de flores.

Esa madre destruida  demoró segundos interminables en moverse hasta que metió la mano en el bolsillo izquierdo de su saco negro y sacó un crucifijo que lo llevó hasta su boca. Lo beso y luego lo levantó hasta donde su brazo le permitía. Creo que entre lágrimas, murmuró algunas palabras…

Después clavó los ojos  en la madera lustrosa del cajón. Tomó las manijas y vi que las movía como si quisiera levantar la tapa y comprobar que su único hijo estaba allí…  la escena de esa madre velando a su hijo era desgarradora.

Cuando recobró algo de fuerzas a  los que se acercaban les repetía la misma historia. Hacía una  semana que no veía a su hijo que le había prometido llevarla a comer.

Se vino la mañana, aún faltaban dos horas para que el cortejo arrancara rumbo al cementerio.

Esa madre estaba sentada a centímetros de su hijo muerto. Tenía un sombrero negro con un velo que le cubría  la cara

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